El perro guía: una gran ayuda y una gran responsabilidad

10.11.2020

Noelia es una mujer joven, madre de un niño de dos años, y se dedica a la enseñanza. Noelia es ciega y, desde marzo de 2013, tiene una ayuda adicional: la de Nutmeg (Meg, para los amigos). Es su perra guía. En esta breve entrevista, Noelia nos cuenta su historia.

Tener un perro guía es una experiencia que te cambia la vida. Así nos lo contaba Diana, una voluntaria de Fundación ONCE que ha adoptado un perro guía, en el reportaje Adoptar un perro guía: una experiencia inolvidable. En esta ocasión, Noelia nos cuenta su experiencia como usuaria.

Noelia hizo la solicitud de adopción en septiembre de 2011. Un año y medio después, recibió a Meg, una cachorra de labrador, color chocolate. Fue su primera experiencia con un perro guía. Tardó en decidirse por la responsabilidad que supone tener un animal que no sólo está para ayudarte, sino que también hay que cuidarlo, algo a lo que Noelia da mucha importancia. Dice que los primeros meses “fueron un periodo de adaptación para todos”. “Meg es más bien pasota, algunos perros guía son más protectores, pero ella no es especialmente cariñosa”, nos cuenta.

Preguntamos a Noelia por la relación entre Meg y su hijo de dos años. Como Meg es poco cariñosa, al principio le costó la relación con el recién llegado. Sin embargo, poco a poco se gestó una de esas amistades entrañables que surgen entre niños y animales. Ahora, su hijo la peina y le da de comer, algo que a Meg le encanta. De hecho, el niño ha aprendido a decir “¡no, Meg!”, cuando ésta trata de quitarle alguna galleta.

¿Cómo es convivir con Meg? “Es un perro que combina un lado de trabajo y otro, como cualquier otro perro. Es de gran ayuda, y también es una gran responsabilidad, por eso hay que pensárselo mucho antes de solicitarlo. No obstante, merece la pena”.